lunes, 9 de septiembre de 2013

Nuevo proyecto a la vista...

Tras un año largo e intenso sin escribir os informo que desde hoy empiezo a trabajar en un nuevo CD de cuentos, canciones, imágenes, juegos interactivos y más sorpresas que os iré comentando. Eso sí, con más ilusión si cabe que antes y con ganas de seguir mejorando.

Al tiempo que os informe de las novedades que vayan surgiendo, me gustaría hoy compartir de forma completa uno de los cuentos de mi CD "Quince cuentos para crecer" que tantas alegrías me ha dado y que para los despistados aún sigue a la venta con un nuevo precio al tratarse de los últimos ejemplares de la edición: 10 euros (gastos de envío incluidos). El cuento es "A pasitos de tortuga" y creo que nos enseña aspectos tan importantes de la vida como la constancia en las cosas o la riqueza de la diversidad. Espero que lo disfrutéis:

A PASITOS DE TORTUGA

Había una vez en un jardín de Murcia, una tortuga que siempre
estaba triste. Su nombre era Rogelia y le daba pena tener que ser
el animal más lento del jardín, siempre andando a pasitos de
tortuga… ¡plom!.... ¡plom!... ¡plom!.... ¡plom!
“Al resto de animales parece que no les cuesta nada ir de un sitio
a otro del jardín, en cambio yo tengo que llevar este caparazón
que pesa tanto… ¡me cuesta horrores!”- pensaba siempre Rogelia.



Una mañana Rogelia salió a dar una vuelta a un pequeño
estanque, andaba a pasitos de tortuga… ¡plom!... ¡plom!... ¡plom!...
¡plom! Iba tan lenta que cuando logró dar la vuelta al estanque
se había hecho ya de noche. Rogelia, muy triste no se lo creía y
empezó a llorar: “¡tardo un día entero en dar la vuelta al
estanque! No saldré a pasear nunca más.”-dijo la tortuga.


Y así fue, Rogelia se pasaba los días quieta, sin sacar la cabeza del
caparazón, no quería que nadie se burlara de ella. Los animales
del jardín, preocupados, fueron a visitarla, hacía ya muchos días
que no sabían de ella. Primero tocó en su caparazón cuatro veces,
la ardillita Berta.


- (Toc, toc, toc, toc) “Rogelia, Rogelia, sal que quiero hablar
contigo”- dijo Berta.
- “Ni lo sueñes, no pienso salir nunca más de aquí. Con este
caparazón no puedo andar rápido…soy el animal más lento
del jardín”- dijo Rogelia a punto de volver a empezar a
llorar.
- “¡Oh Rogelia!, no debes esconderte por ser lenta. Yo soy
rápida sí, y subo a los árboles más altos del jardín, pero en
ocasiones me gustaría ser como tú. Tú vas sin prisa y
puedes disfrutar de las vistas de este precioso jardín.”
- “Gracias Berta”, dijo Rogelia, “me lo pensaré.”


El siguiente en llegar fue el búho Facundo. Era un búho muy
elegante que vivía en el árbol más alto del jardín. No se lo pensó
y con su pico tocó cuatro veces el caparazón de Rogelia.

- (Toc, toc, toc, toc) “Rogelia, Rogelia, sal que quiero hablar
contigo”-dijo Facundo.
- “Ni lo sueñes, no pienso salir nunca más de aquí. ¿Qué
quieres que haga con este caparazón?”-contestó la tortuga.
- “Ojalá llevara yo mi casa siempre en la espalda como tú.
Cada día me cuesta más volver, está tan alta... ¿Y cuando
llueve mucho y llego empapado? Quizás no seas tan rápida
como yo, pero tú puedes vivir cada día en un sitio distinto,
es como si tuvieras una casa con ruedas, piénsalo, ¡es
genial!”
- “Gracias Facundo, me lo pensaré”-dijo Rogelia sin estar
muy convencida.


Había alguien más que quería hablar con Rogelia, era un niño
que jugaba allí todos los días. Últimamente veía que no se movía,
estaba siempre en el mismo sitio. Preocupado le tocó el caparazón
cuatro veces:
- (Toc, toc, toc, toc) “Rogelia, Rogelia, sal que quiero hablar
contigo”-dijo el niño.
- “Ni lo sueñes, no pienso salir nunca más de aquí, no me
moveré”.
- “¿No te gusta enseñar ese caparazón tan bonito que tienes?
No me cansaría nunca de mirarlo.”
- “¿Qué dices? Este caparazón me hace ser lenta.”- contestó la
tortuga muy triste.
- “Quizás yo puedo andar más rápido que tú, pero poder
llevar a la espalda algo tan bonito que hace sonreír a la
gente es precioso.”
- “Gracias, pensaré en ello.”

Rogelia se quedó pensativa, quizás tengan razón sus amigos. No
será el animal más rápido del jardín con el caparazón en la
espalda, pero también tiene sus cosas buenas. A partir de ahora
paseará por todos los jardines de Murcia. Disfrutará de los
detalles de cada paisaje, dormirá cada día en un sitio distinto y
podrá hacer a la gente sonreír con su caparazón allá donde vaya
caminado a pasitos de tortuga… ¡plom!... ¡plom!... ¡plom!... ¡plom!...




PD: para cualquier duda, sugerencia o compra os atenderé en mi mail: borja1989bbt@hotmail.com

Mil gracias por tu visita ;)


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